volar sin aletas

25 May volar sin aletas

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aunque vivíamos a muchos kilómetros de san petersburgo y sólo había visitado una vez esa ciudad, no había ni un solo día en que no pensase en ella. cuando tenía siete años, la abuela decidió que ya era hora de que mis hermanas y yo viésemos bailar a mamá sobre las viejas tablas del teatro mariinski.

quitando los trayectos que hacíamos cada año al mar negro, aquel fue el primer viaje de mi vida. y la primera vez que me olvidé de calzarme las aletas para soñar. y es que, desde el momento en que nos subimos al tren que nos iba a llevar hasta mamá, no dejé de volar ni un segundo.

era verano…y en rusia el verano es pequeño pero delicioso. viajamos casi toda la noche, atravesando taigas increíbles que me hacían volar cada vez más alto. el vagón en el que viajábamos era como un cuento inventado solo para que nosotras cuatro pudiésemos leerlo. la abuela no dejaba de reírse ante nuestras continuas muestras de entusiasmo y no paraba de contarnos historias sobre la ciudad…así que, prácticamente no dormimos en toda la noche

supongo que la pasión por contar historias la he heredado de mi abuela nicolashka…describía tan bien todo que, antes de llegar a nuestro destino, no sólo había recorrido ya los impresionantes salones del palacio de invierno sino que había escuchado absolutamente emocionada los maravilloso cánticos que se entonaban en las iglesias ortodoxas…

pero los cuatro días que pasamos en san petersburgo superaron con creces las historias de la abuela. no paré de soñar ni un solo segundo. aquellos edificios tan majestuosos, los colores, el neva con sus múltiples puentes, el hermitage, los olores y los sonidos de las iglesias…era como si alguien me estuviese contando muy cerquita del oído un montón de historias llenas de secreto y encanto.

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pero lo más emocionante de todo fue ver a mamá interpretando a odette en el espectacular teatro mariinski. es uno de los recuerdos más impresionantes de mi vida…ese día entendí realmente quién era mi madre. desde que la vi morir de amor sobre el escenario mamá pasó a ser para siempre alguien mágico, una magia que no la abandonó jamás, ni cuando guardó para siempre sus zapatillas y decidió que ya solo bailaría para nosotras….

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2 Comentarios
  • Alicia
    Publicado a las 13:07h, 24 marzo Responder

    Pero que bonito, bonito,
    Menuda historia de amor y ternura……Ya estoy soñando, con ganas de ir a San Petersburgo, al ballet y disfrutar como una niñas y con mis niñas.
    Gracias por compartir un cuento tan bonito. Bicos

    • vova
      Publicado a las 18:44h, 26 marzo Responder

      Alicia!!! Qué cosas taaaaan bonitas nos dices, cómo se nota que también eres de las que sabe volar con y sin aletas! san petersburgo te va a encantar, ven pronto…un beso grande desde Rusia!!!

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